domingo, 11 de marzo de 2012
Sucede que a veces...
Me bajé de la micro y ya sabía que encontraría a alguien. Me preocupé. No por no saber qué decir, no por mis ideas y la convicción de ellas. Sólo por cómo me vería. Así estéticamente, Cómo me encontraría. La apariencia física es un problema cuando se tienen unos cuantos kilos de más. Uno está tanto más seguro de sí mismo cuando se siente... por así decirlo guapo... aunque yo lo único que hubiese deseado en esos momento es haberme visto estupenda!... pero dada las circunstancias, y sabiendo que se me venía el encuentro con quizás quién a minutos o segundos, me dije... ya está... vales más por lo que eres... sí, lo sé... me estaba consolando... pero era bueno por mí hacerlo en ese momento. Pensando en esto seguí caminando acomodando mi bolso cruzado para tapar algo de mi... y de pronto ahí venía... estaba igual!... y delgada!... muy delgada... bueno, siempre lo fue... siempre, aunque muy discreta , su ropa y sus atuendos caían con facilidad, como hechos a la medida. Sin embargo los míos, sufriendo un apriete por aquí o por allá, siempre!.... Su rostro estaba más gastado... los años no habían pasado en vano, su piel no era la misma... la mía tampoco lo es, sin embargo , creo que le llevaba ventaja un poco en eso. Mi mirada aún conserva un poco de jovialidad... la que rasguño con fuerza... y sin cremas!... recordé que le costaba hablar, así es que fui muy elocuente, llevando la delantera en mi diálogo. Cómo estás?... cómo está tu hija!... vives donde mismo?... en ese momento supe que ella sabía que mi pregunta era más profunda. Como diciendo, aún crees en lo mismo?... tienes los mismos ideales?... aún eres capaz de vivir con todas esas personas?... de qué hablan, si no te gusta hablar!.... esas eran mis verdaderas preguntas!... pero no podía hacerlas... nuestra intimidad nunca fue a un nivel de llamarnos amigas, y no sería después de once años, en una esquina llena de gente y autos donde lo seríamos. No hubo más. Sólo las respuestas justas , la sonrisa necesaria, la palabra amable y la confusión de no saber cómo seguir. Cómo invitarse a seguir. Cómo volver y retroceder once años de nuestras vidas. Ya no importamos, y aunque no se dice, no nos cuesta aceptarlo. Y así, nos despedimos. Con un beso tibio en la mejilla. Y con un adiós, donde podrían pasar otros tantos años más y nada importará. La vida se nos va entre los dedos. Y teniendo en las manos la fórmula para cambiarlo todo, seguimos con la desidia de la vida. Válgame Dios!.., algún día me encontraré contigo y ya nada importará... seguramente, lo que más me preocupará es estar delgada para que veas lo bien que estoy... pero hasta eso! estoy segura no ocurrirá....
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