La vida te brindó,
la dulzura de un plan divino.
Nacido entre caricias, leche y maternal amor.
Crecido entre familia, amigos y fraternal amor.
Caminaste de la mano de tu padre.
Corriste ansioso a los brazos de tu madre.
Escuchaste las melodía de la vida.
La armonía en tu existencia.
La primavera te hizo crecer ramas
y el otoño las volvió a dejar caer.
El verano pinto tu rostro,
el invierno la lavó.
Hoy ya no estás.
Conociste lo peor,
el odio,
la terrible venganza.
Discriminado y golpeado.
Crucificado y blasflemado.
Quitaron tu sonrisa,
te arrancaron la vida.
¡Asesinos todos!
Todos lo que cooperamos un poco
para que dejaras de vivir.
Todos los que no aceptamos las diferencias.
Todos los que nos jactamos de ser abiertos de mente.
Todos los que nos reímos y discriminamos.
¡Tú nos harás despertar!
No son las leyes las que nos harán cambiar.
Si no el comprender que venimos de donde mismo,
y que vamos hacia el mismo lugar.
Que nuestros rostro es distinto
pero nuestras almas son igualmente efímeras.
Quedarás, presente en el rostro de tu madre dolorosa
en el alma de tu padre impotente,
en la canción de un amigo solitario,
En el sueño de Dios Omnipotente.
Quedarás en el día de un país
que quiere aprender a ver.
Que olvida fácilmente,
Que entiende a golpes,
y donde tu eres un nuevo mártir.
Buen viaje Daniel,
donde estés,
sé que estarás mejor...
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