viernes, 29 de junio de 2012

Hoy te vi

Hoy te vi,
mirabas con distracción,
y te miré detenidamente
queriendo alcanzarte con la mirada,
atraparte con los sentimientos, reconciliarme.
Hoy te vi,
tu pelo negro, tus ojos risueños.
tu sonrisa de siempre.
Y como cuando uno muere
recorrí la historia, nuestra historia.
Encontré tantos momentos,
tantas palabras, tantas promesas,
tantos deseos de que fuera para siempre,
tantas ganas de que fuera especial.
Y a la vez,
tantas veces que fallamos,
tanto que lo descuidamos
tanto que nos perdimos,
tanto que nos olvidamos.
Hoy te vi,
y lejos de sanar, la herida está ahí.
Y te redescubro en tu vida
que parece haber seguido,
renovada, esperanzada,
sin detención.
Y yo que me quedé esperando
el abrazo, las disculpas,
yo que no pude seguir igual
yo que no sé seguir,
yo que perdí el camino.
Debí haber corrido a buscarte,
debí volar, debí reír, debí soñar!
Hoy te vi,
y me vi,
estancada en un sentir,
renunciando, cansada.
Quise correr a hablarte
hacer señas para que me vieras,
saludarte como si nada.
Ya te habías ido,
ya no estabas,
te fuiste hace tanto tiempo,
qué será de ti... ven a contarme,
te espero... siempre te espero...

miércoles, 27 de junio de 2012

He De Replantearme.

No escribir, o escribir. Y escribir para qué.
Tiene un sentido. Siempre lo tuvo. Sacar del corazón lo que me oprimía. Lo he logrado. Con esfuerzo, de a poco. Y puede parecer que muchos pensamientos se repitieron a lo largo del blog. Y así fue, así me sentí. Muchos pasajes se repiten y los guardo atesorados, y así salían una y otra vez como queriendo sobrevivir a la matanza interna que quiero hacer. Sin embargo tampoco quiero vivir sin ellos, porque olvidarlos, también me hace olvidar un poco de mi. Hoy después de un tiempo sin escribir, vuelvo a sentarme y tratar de explicarme por qué tanto dolor, y por qué vuelve a pasar una yo otra vez lo mismo. Por qué la pérdidas se van haciendo una constante en mi vida. Me tengo que detener, en la escritura, en el afán, en el día, para mirarme y encontrarme, para rescatarme y ver dónde. Dónde he ido dejando partes mías, esos lugares acogedores que me hacían tan bien, que me hacían feliz. Cuándo podré despertar del mal sueño de que ya no están conmigo. Del mal sueño que fue haberles perdido. Soy yo finalmente quien debe replantearse la vida, las relaciones, el ser persona. Aún así, en esta desasociada verdad, busco mis salvavidas... trataré de no aferrarme al máximo, hoy siempre temo volver a naufragar.

Desde el segundo o cuarto o quinto naufragio...  ya perdí la cuenta, sin embargo aún te espero... aún te extraño, aún quisiera correr y tomar el teléfono para escucharte por unos segundos, y volver a reír.... 



"Adónde iré sin este abrazo"

martes, 5 de junio de 2012

Te Odio.


Te odio.
Odio las canciones de amor
que traen tu recuerdo a mi casa.
Las ganas de verte.
Y odio
el cielo en tu rostro y las dudas
de echarte al olvido o llamarte
para contarte,
qué sé yo,
que sigo existiendo,
que te odio por fin,
que no sé
si el mundo resiste sin ti.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.
Te odio.
Odio la mañana, el café
sin planes, sin ti y en ayunas
perdura tu aroma y lo odio.
Envuelto en papel de colores
te envío bengalas, rencores.
Quizá recuerdes así
que te odio. También tu sonrisa
y la brisa arañando tu piel,
y mi corazón ya de paso.
Tanto, tanto, tanto, tanto lo odio.
Este viejo odio
que hiela los jazmines,
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.
Te odio.
Odio tu belleza y a mí
me odio al saberme tan lejos
del viejo camino andado
rastreando hadas y cometas,
la estrella prendida en tu pelo.
Maldito lucero. Lo odio.
Odio odiarte tanto,
saber que te encuentras perdida
y la vida me impide encontrarte.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.
Yo odio
perseguir tu rastro,
cansado en este laberinto.
Cual hilo de Ariadna tus huellas
me llevan hasta el dulce tiempo
de besos, promesas. Lo odio.
Soy tan feliz
a tu lado que odio
que ya no estés cerca
y empieza a cansarme este odio.
Quizá si tuviera tus manos
Pero te odio tanto, tanto, tanto, tanto.
Este viejo odio
que hiela los jazmines,
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.


Ismael Serrano